martes, 2 de enero de 2018

PALABRERIO

                                  PALABRERIO
Cuando el movimiento y la palabra se unen nace la magia.
La palabra nos crea y nos recrea.
El mundo está sostenido por la palabra.
Somos lo que somos por la palabra.
A veces la palabra se vuelve liviana, pierde contenido y se las lleva el viento, pero otras son los que son, poderosos mantra y crean.
La palabra nos da la dimensión de creadores
Hay palabras que se entregan y otras que se guardan, unas para el afuera y otras para el adentro. Al final todo es lo mismo, porque siempre es el  Caos primordial, nuestra Madre, resolviéndose  a sí misma con nuestra experiencia.
Para algunos, la palabra tiene colores, formas, siluetas que se van dibujando, hasta alcanzar la dimensión de pensamientos y se vuelven todo lo que vemos.
A veces nos tenemos que desapegar de todas ellas, para ver lo que en     verdad somos, luz espejada que por mandato busca ser consciente para relatar la vida y ser huella.
La palabra entonces es relato que se manifiesta de distintas formas y crear nuestro mundo a través de ellas. Crean las nubes y las lluvias que lloran nuestras palabras, son el frío y el calor, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo
 La vida y la muerte. Dios y el demonio. Ellas danzan y se nutren con los opuestos.
Son el tiempo que nos abarca mientras somos barro de la tierra, luz del fuego, agua de la sangre y aire que se respira y nos respira.
Mientras las palabras están, la vida que conocemos está.

Rosa Esther Moro

PALABRAS



PALABRAS



Las palabras pueden ser fuertes, o débiles, redondas, cuadradas, espiraladas, las más difíciles las triangulares, Negras, rojas, rosas, fucsias, azules, y  resplandecientemente blancas. No me quiero olvidar de las plateadas o doradas. Las de la Tierra y las del cielo. La de los dioses y demonios.

La  gran madre Caos vivía inconsciente y circular apretando en su seno todos los mundos posibles e imposibles.  Dios la fecundo  con misma palabra que ella tenía inscripta en su matriz y se hizo el mundo.

El hombre es la palabra con la que se fueron haciendo las cosas, porque el ser humano tiene todas las palabras de su padre y de su madre.

La palabra irrumpe sagrada en toda creación.

Hay palabras lábiles que vuelan con el viento y desaparecen en la nada. Son las palabras huecas, porque el hombre les quito significado.

Entonces aparecen otras danzando en el imaginario, a veces son y otras no.

Es sabido que hay palabras con las que nos hablamos a nosotros mismos y otras que son para el afuera. Aunque llegado el momento todo es lo mismo, un hervidero de palabras con las que creamos nuestro yo, nuestra personalidad.

Cuando el movimiento y la palabra se unen crean la magia.

 Rosa Esther Moro.

   MI RELACION CON LA POESIA

            MI RELACION CON LA POESIA

                        En la infancia pronto los juguetes me quedaron angostos, chicos, sin ganas. Prefería estar estirándome para atrapar estrellas o jugar con el sol en ese patio vidriado donde reconocía cuando nacían las estaciones.
Sin saberlo ya estaba vinculada con la  poesía.
Después de tantos saltos y trepadas para tocar el cielo cansaron a los adultos que viendo que las muñecas, ni vajilla en miniatura, ni las escobitas, me calmaban, me dieron los libros.
Libros infantiles que fueron creciendo como corresponde.
De esa manera tome contacto con la palabra, con la palabra ejercida de otra manera. Así comencé a hacer en tarjetas pequeños dibujos y poemas de amor a mi mamá, esa mamá que nunca lograba alcanzar, donde se desprende que en todo poeta hay un elemento de amor, una búsqueda de dar o hallar el amor. El amor que es dado nunca alcanza.
Un poco más grandecita, tenía cuadernos verdes, marca Arte, donde escribía en forma de poema. Cuadernos que desaparecieron en las mudanzas que toda familia realiza, según cambian las circunstancias.
Pero recuerdo especialmente uno de esos poemas  donde le pedía a Dios, porque también era ya mística, que no dejara que las palabras murieran en mi.
“Cuando perdemos la infancia, perdemos la inocencia de esa lengua aprendida con tanto esmero”  
“Creo que en los que anida una rebeldía innata, no se nos amputa, sino que secretamente guardamos a esa voz niña y la hacemos crecer en secreto y tomamos conciencia esa “gracia ambigua de las palabras y las defendemos de las reglamentaciones del mundo” (Santiago Espel-de su libro: Notas sobre poesía)
Con el tiempo se reconoce así una segunda mirada sobre todo lo existente. Otro mundo está a disposición de la poesía. Mirada que se puede llevar a la palabra escrita, o no. Que puede transformarse en un poema de valor, o no llegar a ser más que un papel arrugado, o simplemente no llegar a ese papel.
Poesía es el sinfín  de hechos cotidianos que amanecen como perlas en cualquier momento. En la peluquería la asistente me lava la cabeza y comienzo a sentir sus manos como una remota fuerza que escarba y se detiene allá donde se originan los pensamientos y que se transforman en un sentir, y las formas del mundo pierden sentido, se desligan de mí, me desprendo y soy navegante en el universo de mi cuerpo. Mientras el agua fluye tibia, fluye, limpia, aborda ese tiempo donde la luz parpadea y yo intento atraparla, mantenerla encerrada en un instante que rápido se disipa.
Esta es la poesía que me pertenece, cada ser debe tener  la que le fue otorgada, porque al Ser, le gusta la diversidad.
En algún lado leí que la poesía está relacionada con la magia y que los chamanes se expresan de una manera que no es la corriente. Es que la magia también juega con la palabra y las transforman en mantras, palabras de poder, sin sentido aparente, para  encontrar ayuda en otros entornos y transformar la realidad que nos atiende.
“La lectura y escritura de poesía podría disminuir la criminalidad y delincuencia en el mundo” (Santiago Espel)
Y es así, porque con la apertura de esa segunda mirada se encuentra el sentido profundo de la vida. Es vincularse con esa energía, para mi divina, que nos sustenta y nos pertenece y a vislumbrar a través del conocimiento él porqué de nuestro paso por la vida. Como dijo Carlos Castaneda a través de la voz de su maestro don Juan Matus, que el hombre está hecho para adquirir conocimiento, ese es su destino.

Al preguntarme: ¿Por qué escribo? Y como es que escribo poesía, que no sé de donde me salió, es como si estuviera desde siempre inscripta en mí. Nunca sé de qué color va ser el hilo que voy extraer de esa nebulosa que me acosa, que me inspira. Es un resonar de un sonido, o una imagen, una sugestión, un lejano sentir que se hace palabra, a veces si tiro con insistencia de eso sale el poema entero, o tengo que insistir un poco más para concretar eso que yo sé que es. A veces lo logro. Otras no. Y así van quedando partes de algo en papeles que van amarilleando en los cajones. De vez en cuando reviso esos esbozos y sale algo, pero no es lo mismo que lo inspiro. Me ha pasado con cuentos que empiezo con algo y desarrollo y termino con algo totalmente inesperado. Creo que escribo porque me leo a mí misma, o me doy a leer relatos que están inscriptos en el aire.
Esto es de una total maravilla de la nada salió algo que me pertenece, sin pertenecerme, como los hijos, porque un hijo es una inmensidad disparada hacia el futuro. De donde viene ese hijo que me fue destinado. Su padre y yo le dimos su forma física y psíquica, donde contribuyeron las generaciones precedentes, eso es lo sabido.  ¿Pero de donde vienen esos seres tan entrañables, tan conocidos, como desconocidos. La otra pregunta es: de donde vengo yo. Con lo que escribo me pasa lo mismo, por eso siempre pienso que no es mío, que solo soy un canal. Pero escribo también porque me gusta, porque me gustan los terrenos áridos, inexplorados y eso es el papel blanco, que puede llegar a desesperar, pero allí se puede crear y recrear algo.
En mi vivir, también me gustan esto, me interesan los espacios vacios donde puedo imaginar. Donde todo está hecho por otros siempre me veo esforzada a la adaptabilidad, eso no quiere decir que no lo pueda aceptar y hasta disfrutar. Me entusiasman los proyectos ajenos y me gusta colaborar con ellos, pero sé que no son lo mío.
Sé, que en ese cuadrado blanco de papel, siempre guarda algo. Algo que está allí oculto, esperando una forma, una resolución, esperando encontrar la luz. Y sé también que la vida es así, que en toda situación hay si se cambia la mirada, la actitud, un tiempo oculto que nos corresponde y nos soluciona. Hay infinitas posibilidades para cada situación. Si la encontramos y la sacamos a luz es la que nos pertenece. Somos libres aunque muchas veces nos sentimos presos; presos de las rejas que nos supimos construir.
Si, escribir es para mí, algo metafísico, incomprensible, que nace en lo oculto. Siempre es nuevo. Siempre pienso que no voy a poder hacerlo, que no voy a dar con las palabras. Entonces la magia, comienzan a surgir de un lugar conocido que desconozco. A veces utilizo términos que tengo que buscar su significado en el diccionario  y siempre es lo que corresponde a eso que estoy escribiendo.
Alguien me dicta, soy hablada.
No soy disciplinada para escribir, (siempre estoy tratando de auto educarme, eso también es ser disciplinada, pero sin lograrlo) pero si puedo sentarme, tomar la lapicera, y enfrentarme al papel, algo se desprende de mí y se instala en el papel, es por eso que siempre tengo la sensación de primera vez, de lo inédito, del no poder, del no encontrar el ritmo, la palabra, de no tener la fuerza insistente de lograr expresar eso esencial que ejerce presión desde la nebulosa de lo que no es.

Leo a Santiago Espel  Diciendo: “que la poesía no es un acto inocente, ni un rasgo de ingenuidad y que no se puede negar la incidencia de un poema en la realidad, que la altera y que siempre es un componente incorrecto para cualquier sistema”
No, por supuesto que la poesía no es un acto inocente, porque sintetiza eso que la vida de superficie no revela, a veces sin que el poeta lo sepa. Aunque creo que en todo poeta tiene que existir algo de inocencia para dejarse tocar por el hecho poético, que vendría a ser un ramalazo de otra frecuencia y que no siempre se puede alcanzar esa “dinastía exiliada”. “La escritura toca lo extranjero” según Clarice Lispector.
En cuanto al hecho de que un poema “es un componente erróneo para cualquier sistema” debe ser extensivo para los poetas, e ilumina esa parte mía que siempre se siente exiliada, extranjera, “un componente incorrecto”. Ese sentir me acompaño desde siempre, ahora lo acepto, hasta con agrado, pero hubo épocas que esto no me hizo feliz, y me llevó  a ser una buscadora de respuestas para intranquilos interrogantes.
Escribir me completa, me hace partícipe y también de alguna manera me traduce, aprendo y construyo un conocimiento que me pertenece.
                                                                                                                 
                 Jugar con las palabras
                 Luciérnagas titilantes
                 Se encienden y se apagan
                 De la sombra a la luz
                Mi resonancia
               Las une
               Las moldea
              Con un propósito que desconozco

             Me gusta reconocerme en este juego.    REM

Por mucho tiempo lleve oculta a la poeta que vive en mí. Ni mi familia sabia de estos andares míos, solo reconocían que “estaba siempre en la luna.
Mi hijo menor, en cierta oportunidad, al mostrarme sus poemas con mucho reparo, me dijo: “no lo digas a nadie mamá que a mí me gusta la poesía. Si se enteran los chicos, es un quemo de cargadas para siempre, no lo digas porque si no vuelvo a mostrarte nada más” Esa es la incomprensión  y la sorna  de la que están rodeados los poetas.
Siempre tuve la sensación que  era dos personas, una de la poesía, las lecturas, las indagaciones fantásticas y otras yerbas que componen ese otro universo tan mío.

          La oculta pasajera de otra vida, de otra mirada.
          La que se pierde en atardeceres y otoños
         Que se hunden ocres en la muerte
         A la que las lunas le regalan palabras mágicas
         En las noches de veranos que se queman,
        Yendo a la deriva con los sueños
           A la que los árboles le acarician el rostro con verde sabor
           Otorgando verdades porque si, como  hacen los amigos      REM

Y esta la otra la que lucha por adaptarse al mundo que dicen real, y que también tiene su encanto cuando se aprende a manejarse en el.
Todo parece andar por carriles bien diferenciados, que colapsan cuando irrumpe un arrobamiento, entonces la loca hace su aparición  y la de los días muere instante a instante tratando de encerrar en la orilla que corresponde a esa que se suelta el pelo y es. Todo un conflicto

“¿y ahora como lo escribo?” pregunta: Santiago Espel
A veces caminando o simplemente quedándome quieta, o lavando los platos, o barriendo. De esas maneras u otras se abre una grieta por la que entra un pájaro que me deja un hilo de dónde tirar. A veces a través de una consigna, muchas, porque frecuento talleres, o algo que leo.¿ Bueno, ahora como lo realizo? Las palabras nunca alcanzan pero hay que tirar algo fuego y comenzar aderezarlo, cocinarlo lentamente. Escribir es siempre algo nuevo, que viene de algo viejo.
Las noches en las que deambulo quieta y sin esfuerzo, a veces me llevan al sueño, al mundo de los sueños, algo de suma importancia para mí; otras me asaltan ideas, las palabras se desvisten ante mí, o me despiertan en la mitad de la noche. Laxa, entre dormida, me digo, mañana anoto esto, puede que lo haga y me levante por la mañana a escribir lo que me asalto, pero la muchas de las veces el encanto ya huyo. No siempre es así pero casi siempre.
De donde me vienen las palabras, no lo sé, solo sé, que están allí rondando y en algún momento son.
La poesía  está hecha del mismo material de los sueños, los que realizamos dormidos o despiertos.
Me gustaría hacer algo temático, con un hijo conductor, pero me cuesta y después me digo: todo pasa por mí, yo soy el hilo conductor. Es esa cosa loca, salvaje, bloqueada, que hace lo imposible para atrapar eso que se desplaza como una onda dentro de mí.
¿Qué lugar ocupa  la literatura, la poesía, en este mundo automatizado?”
El lugar del contraste, lo indómito, la herida que supura y nos recuerda que estamos en este mundo, que estamos vivos y estar vivos es estar en sintonía con esa vibración vital que nos hace ser uno con todo lo que nos rodea. También representa un acto de libertad, de arrojo, de los que se sienten apretados en el formato que les toca vivir. Hundirse en la lectura de igual forma trae esa misma sensación de emancipación de los que nos rodea, como lo es bailar; bailar no con pasos programados, sino entregando, soltando el cuerpo a la música, con esa música que resuena con algo interior.
En el danzar también está implícita la poesía, y para mí lo está también en  el Tarot. Alguien me dijo  que mis caminos son espejos uno del otro.
Siempre me pregunto porque hago estas cosas y no otras. Son preguntas sin respuesta aparente, porque como en todo lo relacionado con la vida que nos toca vivir, está el punto de misterio, y cuando más creemos que sabemos, menos sabemos. No saber nada y tener que enfrentarnos a ese misterio es lo verdaderamente real y lo que hay que aceptar y dejar que pase a través de uno y seguir creando, no solo poema, cuentos, sino  todo aquello que tiene que ser creado para manifestarnos.

“Camuflada, silenciosa, la muerte pelecha en la rutina. Por eso la poesía también trabaja contra la muerte: Inacción diagonal, herida propinada a la rutina, luz, así el  poema” Santiago Espel
La poesía mira de frente a la muerte, la descose, la sabe, no la rinde, nada puede rendir a la muerte, la posterga con el encantamiento. La ilumina. Le pregunta, la hace su aliada.
El sistema, este que ya comenzó a ser pateado y puteado por algunos que esclarecidos  denuncian. Ese, que nos “organizo la lengua desde chicos, la lengua y el tiempo” S.E
La lengua amordazada hasta hacerla común, lineal, libre de sospecha. Una lengua preparada para la obediencia. Automatizados, rutinarios, obedientes; algunos necesitamos abrir una grieta luminosa por donde huir. Salir al jardín aunque sea por momentos.

¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidad?
Ninguna palabra es visible
                                               Alejandra Pizarnic
…decir equivale a mentir
Todo lo que se puede decir es mentira
El resto es silencio
Solo que el silencio no existe            Alejandra Pizarnic

Asomada a mí poeta
La otra que soy pregunta
Porque escribo en esta lengua
¿Quién me eligió?                    Virginia Perrone

De pronto emerge      el poema
Las palabras negadas    prohibidas
Golpean desnudas sin ocultar sus ojos            Cecilia Ortiz

¿Quién me eligió? O porque elijo hacer esto, de donde me viene este traer palabras de mundo invisibles, que se niegan, que golpean, que miran, que están allí tan cerca como lejanas. Desconcertantes, inservibles, que solo son para quién las pesca. Alguien que merodea por lugares parecidos. Puede ser que todo lo que se dice sea una mentira,  una enorme mentira hecha de palabras para poblar el vacio; para dar forma a lo sin forma.
Por último, hago esto, porque soy un lugar resonante.
En mi todo resuena.
Advirtiendo esto supe que pertenezco, no al mundo de cuadrados que se desplazan uno sobre otro, buscando permanencia, sino a la impermanencia de la vida que se agita desde los confines del universo hasta una tímida brizna que se alarga y crece hacia el sol.

Rosa Esther Moro.

  LA  PATRIA DE LAS MUJERES


                                   LA  PATRIA DE LAS MUJERES

Una historia  de espías en la Salta de Güemes, es el subtitulo de la novela “La Patria de las Mujeres”. La autora: Elsa Drucaroff, nos habla de esa otra parte de la trama de la historia, la que urdieron las mujeres, solo mencionadas en recreaciones históricas como en esta obra.
Como de mujeres se trata nos vamos a encontrar con todos esos elementos que constituyen el mundo femenino puestos al servicio de la Patria, que decidieron forjar.
Las protagonistas: Loreto Sánchez de Peón,  y Mariana Inhierza, nos llevan con sus pasos a un entorno histórico rigurosamente reconstruido en la Salta  entrañable de siempre.
Las mujeres salteñas, las bomberas organizadas por Loreto Sánchez de Peón, reconocida como Dama Espía del Ejército del Norte, fueron determinantes en la guerra de guerrillas que comandaba Martín de Güemes.
Es una novela que revela hechos sobre los orígenes de nuestra nacionalidad y afianzan nuestra argentinidad, porque estas epopeyas fueron  realizadas por seres reales, donde estaban incluidos: los negros, mulatos, indígenas y las mujeres  de toda condición. Es también una novela de amor, como iba a faltar el amor en un relato de mujeres, de traiciones  y aventuras.
Elsa  Drucraroff, nació  en Buenos Aires en 1957, es narradora, profesora de literatura y semiótica y periodista. Investigadora de temas históricos, escribió  artículos en diarios y revistas de esta ciudad y en el exterior. Ejerce la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras  y se desempeña como investigadora en el Instituto Superior del Profesorado, Joaquín V. González.
Público: Mijael Bajtin; La guerra de las culturas; Roberto Artl: el profeta del miedo; Rodolfo Walsh; El último caso; Ensayos.  La Patria de las Mujeres, (1999) novela;  La conspiración contra Güemes: una novela de bandidos, patriotas y traidores y el Infierno prometido.
Dirigió el tomo XI de la historia crítica de la literatura argentina, obra en doce volúmenes a cargo de: Noé Jitrik.

Rosa Esther Moro.

  EL ÚLTIMO ENCUENTRO

            EL ÚLTIMO ENCUENTRO
                                        SANDOR MARAI
                         1900                                        1989

Considerado uno de los escritores más excepcionales de habla húngara, es rescatado en la actualidad después de ser prohibido por el régimen soviético y quedar en olvido.
Narrador, poeta, dramaturgo y periodista, abandona su país definitivamente en 1948, por disidencias con el régimen. Vivió en distintos países de Europa hasta nacionalizarse estadounidense en 1952.
“Tal vez la única obligación de mi vida y de mi trabajo,  como escritor, sea elaborar el proceso de desintegración del mundo al cual pertenezco” dijo refiriéndose a la desintegración de la clase media húngara, a la que pertenecía.
“El último encuentro” nos habla de la amistad, la espera  de toda una vida y un reencuentro final. Se sumerge en verdades de fondo de la vida humana. Ronda la nostalgia de un mundo perdido con el advenimiento de los años: espera y silencio que duran décadas ; secretos, amores y venganzas que toman vidas enteras.
Ahonda en los abismos del vivir, en el misterioso ser que nos habita.
Es una novela de prosa que engancha, de una inmensidad que se desarrolla hasta el  final.
Sandor Márai se quita la vida en 1989, poco antes de la caída del muro de Berlín.
Su obra es extensa, entre los más reconocidos se encuentran: “La hermana” , que nos dice del misterioso vínculo de la vida y la muerte. “Tierra Tierra” novela autobiográfica, “La mujer justa”, “La herencia de Eszther” son algunos de los títulos de su prolífica obra.

Rosa Esther Moro.

  El erotismo y el odio

  El erotismo y el odio

El erotismo como cualidad intrínseca al amor, convoca a lo tenue, a lo que se desliza, a lo blando, a la no resistencia.
Disuelve aristas, redondea formas, se deja ir sin resistencias. Viaja a lo que es.
Lo erótico disfruta de la belleza, de lo sensual y su resultado es el placer, la creación.
 El arte es la consecuencia del erotismo. No hay arte sin erotismo; lo sensual desata eso que Eros guarda para los humanos.
En una oportunidad hace tiempo, escuche una interpretación musical, bien realizada, pero la interprete no sentía lo que estaba ejecutando, su música  paso desapercibida entre la audiencia. Así que no dio nada.
El erotismo impulsa a dar.
La naturaleza y el universo todo se manifiestan eróticamente, pero es  el humano quién tiene conciencia de tal cualidad, y pienso que es por eso de que estamos hechos a imagen y semejanza.
Todo artista remeda al creador y busca traer el cielo y el infierno a la tierra, que es decir el conocimiento divino.
El erotismo  es todo lo que manifestamos en la vida, porque nuestro paso por ella tiene que ver en con el aprendizaje del amor y por eso es una expresión de nuestro hacer espiritual. El místico en  su arrebato contemplativo se expresa a través del erotismo, como no lo   hace saber Santa Teresa de Ávila: “Sed alegres hijas mías, y vivan eróticamente el amor divino” Ella nos describe sus éxtasis como  algo corporal, localizado más abajo del vientre.

El odio

El odio es uno de los opuestos del erotismo, el otro es el miedo que suele ser un  producto de ese odio. Porque el odio tiene muchos rostros y el miedo también.
Hay un miedo natural, hasta necesario, diría,  y que no ese miedo que vamos produciendo y que se hace nuestra sombra.
Para  estar eróticamente en la vida hay que dejar ir a los miedos, hay que dejar de  querer controlarlo todo. Uno de los miedos más profundos es  el de perder el control. En el amor desequilibrarse un poco es necesario, es tener equilibrio, esto lo escuche en la película:”Comer, Rezar, y Amar” en la palabra del maestro de Bali, dirigiéndose a la buscadora interpretada por Julia Roberts.
 El odio es un lugar cerrado, refractario de toda luz. Es filoso y duro y se desparrama como aceite quemado que sombrío va afectando los poros de la vida.   De esto se tiene poca conciencia, vive en la oscuridad por
Tanto produce miedo
Tiene metas, se arrastra por tabernáculos del  pasado, en vez el erotismo vuela hacia el futuro, porque crea. Crea en el presente pero el destinatario es el futuro.
Odio y erotismo no pueden convivir en el mismo espacio. En cuanto el erotismo toca el odio lo disuelve con su enorme capacidad de producir placer y alegría.
Pero el odio como todas las emociones hay que conocerlas en esta vida o en otras. Es necesario  porque tienen que ver con nuestra condición de humanos creadores y al conocerlas y transmutarlas según la necesidad, se transforman en valiosas herramientas de evolución.

   LA IRA
La ira impulsada por la agresividad, lleva hacia adelante ese deseo de aniquilar aquello que nos enfrenta.
Pero la agresividad no es  sinónimo de ira.  La agresividad  es lo que  impulsa y  lleva hacia adelante cualquier situación.
 Una persona agresiva puede no ser iracunda, pero una iracunda si expresa su ira con ímpetu es agresiva, si la masculla, no.
La ira  es pariente del odio, aunque es algo más espontaneo, irreflexivo y  carente de sosiego. Es arrebato. Mata al que la padece, tanto como al destinatario. Es un relámpago amargo que esconde falta de satisfacción.
El iracundo siempre vuelve al pasado, allí donde fue herido. Esa herida puede ser no consciente en  el presente, pero la ira se desprende de esa herida cuando se la vuelve a tocar.
La ira tampoco es manifestar enojo dada la circunstancia, esto es hasta beneficioso,  pues un enojo reprimido y constante puede desembocar en ira o enfermedad. Dicen que la depresión tiene ese origen, enojos no manifestados, ira reprimida que va destructiva hacia uno mismo.
Donde hay ira no florece la felicidad.  La felicidad tanto como sentimiento o como camino elegido no puede resultar de la ira, el descontento continuo, la crítica, la  envidia, la manipulación, la falta del real ser.  Consecuencia de la falta aceptación, o ignorancia de quienes somos.
Esto nos lleva a una ceguera que nos vuelve autómatas, sin poder reconocer el maravilloso regalo que se nos dio: la vida. Una vida para el aprendizaje de nosotros mismos y lo otro, para dejar nuestra huella y levantar puentes.  Una vida para  gozarla como una fiesta a pesar  de los obstáculos que debamos sortear.

LA  ENVIDA
La envidia es otro de los sentimientos que nos alejan de todo eso que deriva del amor, la alegría, la felicidad y la salud.
Es pequeña, se arrastra, y puede comenzar con un enojo hacia otra persona por lo que posee, o cree que posee otra persona. Esta mezquindad nos habla de una total pobreza interior y cuando crece busca dañar a ese otro y quitarle lo que posee. Busca ser el otro. Razón imposible porque nadie puede ser el otro, por eso de que somos únicos e irrepetibles.
La persona que padece de envida, nunca encuentra satisfacción, porque esta emoción proviene de un vacío interior, de la incapacidad de crear sus propios contenidos, una estructura que de suficiente seguridad. No logro un objeto interno bueno, según  Melanie Klein, psiquiatra especializada en la niñez, donde nos dice que nacen estos conflictos al no internalizar un pecho materno bueno.
La envidia se relaciona con la codicia, con la avidez. Esta última  no solo se refiere a bienes materiales como la codicia, sino que desata  ansías irrefrenables de conocimientos, de éxito, de reconocimiento, de comida (gula)  y todo  aquello que pueda ser exprimido.  El que padece de todo esto, puede llegar a recurrir a cualquier extremo en lo exterior para conseguir lo que le apetece, o quedarse a la vera del camino, siendo solo cáscara con una enorme sombra resolviéndose hacia la disolución de su ser.
No es raro que en esta época el imaginario produzca tanto de vampiros, zombis y otros especímenes; vivimos en una sociedad que nos expone a todos esos males y lo monstruoso refleja sus formas sin reparo. Esto no es tan malo, siempre que lo podamos ver, no solo afuera sino como se espeja en nosotros mismos.
  Con estos estiletes punzando nuestras entrañas, perdemos ese milagro que es la vida, de la que ya hable. Instauramos el infierno.
Todo esto se produce como todas las adicciones a las que somos propensos los humanos, por no encontrarle sentido a la vida, por no estar conectados a la fuente de donde partimos.
Solo reconociendo quienes somos, observándonos hacia adentro y encontrando el amor que nos permite ser y amarnos con todo lo que somos y no con lo creemos que somos, porque nos lo dijeron, porque nos domesticaron, podremos de dejar atrás todo a  lo que uno se aferra y que no tiene ninguna consistencia.
Si no se reconoce lo sombrío, lo miramos y lo aceptamos como parte de nuestro bagaje energético  y lo equilibramos con aquello que está relacionado con  la generosidad que es la gratitud  y que nace de ese amor que vinimos a experimentar.
Sin ese equilibrio no logra existir ese asombroso erotismo creador.
 No hay placer, no hay magia, no hay felicidad.
La luz de la vida se atenúa. No hay que dejar que se apague, sino solo seremos máquinas parlantes, matándose entre sí  y a nadie le va importar si desaparecemos como especie, al contrario para la vida original y natural del planeta, sería una dicha sacarse el estorbo que somos.

Rem  (  Rosa Esther Moro)

 EL  ESCRITOR Y SU TIEMPO   


                                 EL  ESCRITOR Y SU TIEMPO    (1)



El  escritor como todo ser humano no puede sustraerse a su tiempo. El tiempo que le toca son los barrotes  que debe transcender, sin eludirlos.

  La palabra nunca alcanza cuando el creador tiene que hacer coincidir su interioridad,” su cosa,” con el mundo que lo circunda, su tiempo. Entonces tiene que tomar la palabra como arcilla para darle esa forma que desea, esa forma que tiene que ir de la oscuridad a la luz

 Para esto un escritor tiene que abrir las puertas de sí mismo, tiene que abordar sus propias tinieblas. Tiene que abordar su “cosa” en el decir de: Roland Barthes, y esto nace de su cuerpo de su historia por generaciones, de su  mitología secreta. Toda esa subjetividad  que está más allá de todo lenguaje, es una posición que todo quien escribe debe tomar frente a ella. Abrir esas puertas hacia uno mismo requiere de valor pues consiste en llegar al límite, después de pasar por todas las etapas que nos impone el tiempo en que se vive, hasta poder asumir  la sombra. En ese transcenderse se entra en el misterio de la universalidad, en el entendimiento de las verdaderas leyes de ese tiempo. En otras palabras es vaciarse de prejuicios, de dogmas y otras creencias  que nos tienen atados a las circunstancias de cómo fuimos entrenados

 Cada época tiene un maravilloso caudal de cosas nuevas que hay que desmenuzar y entender

.En esa libertad,  con esa fluidez se navega en el no tiempo, en ese estadio  más allá del tiempo.

El escritor tiene que ir más allá de la superficie, para esto tiene que entender su propia naturaleza oculta. Tiene que encontrar ritmo, su ritmo, ese único resplandor divino de belleza que le pertenece,  a pesar de que  con esa belleza tenga que expresar el fango más espeso, y  es por eso que tiene que saber del  fango  y el porqué de ese fango.

Su obra tiene que exhalar un cierto olor salvaje de ese lugar primigenio y ser también completamente nuevo y original.

Crear no es fácil, porque como ya dije, la palabra no alcanza. No es contar la realidad como una crónica sino tomar su esencia y recrearla.

La persona que juega con  las palabras busca traducirse, saberse, darse y participar en el tiempo evolutivo que le toca vivir. De esa manera se testimonia y testimonia su tiempo. El fin no tiene que ser  atestiguar su tiempo  sino como pasa a través de él. A veces lo hace solamente  como espectador,  otra revoluciona destruyendo formas arcaicas y edifica una utopía en el presente en busca de posibles futuros.

Escribir exige transformaciones personales que dejan suspendido a un ser humano en los umbrales del poder y la magia.

Un papel en blanco siempre desafía al poder del que escribe, su logro: es magia        Rosa Esther Moro 2015-08-05